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El pasado 2016 no fue un año excelente en lo que se refiere a la inmobiliaria en el segmento de inversión. Después de un 2014 y un 2015 de reactivación del mercado, en 2016 se ha mantenido la tendencia en cuanto a la actividad de los inversores pero se han cerrado muchas menos operaciones. El sentimiento generalizado en el sector era el de "existe una gran demanda y cierta oferta pero cuesta mucho llegar al cierre", tanto en locales comerciales en rentabilidad como en edificios.

En gran parte, ello ha sido debido a un repunte en el precio de los edificios, motivado por la vuelta al tablero de actores que juegan con las plusvalías que pueden generar operaciones de tres meses a un año, conocidas en el argot como 'pases'. Estos actores, que tienen sus circuitos de información, acaparan gran parte de las operaciones de uno a tres millones. Como consecuencia, a fin de no perder la oportunidad, han comprado -opcionado en muchos casos- por encima de precio de mercado y vuelto a poner a la venta por un precio sensiblemente superior al que el inversor finalista, patrimonialista o promotor, está dispuesto a adquirir. Esto ha producido dos efectos negativos en el segmento de edificios en Barcelona: falsa sensación de veloz incremento de los precios de los inmuebles y parón en la inversión al percibir como inasumibles dichos precios.

Por otra parte, los grandes inversores y fondos de inversión, con capacidad a partir de tres millones y casi sin límite de presupuesto, han realizado transacciones millonarias de gran cantidad de unidades y de metros cuadrados, tanto en residencial y oficinas como en comercial. Estas operaciones son las que hemos podido ver en los periódicos, en muchos casos generando una fuerte desviación entre la realidad y las estadísticas.

Referente a los locales comerciales en rentabilidad, durante los peores ejercicios de la crisis afloraron inmuebles en buenas Ubicaciones, con buenos Contratos y con Inquilinos de nivel (UCI) cuyos propietarios pusieron en el mercado por temor, necesidad o provisión de liquidez. Los inversores con estructura disponían de los medios para adquirir esos locales y no dejaron pasar la oportunidad; los family-office más activos adquirieron excelentes locales siempre con recursos propios. Una vez superado el periodo más crítico y ante la bajada de tipos, el precio de los locales repuntó sensiblemente pero los alquileres -más estables en general- no lo hicieron en la misma proporción, bajando las rentabilidades. El hecho de que lo peor de la crisis haya pasado ya está motivando una menor puesta en el mercado de este tipo de locales, además de que el inversor de esta tipología no es especulador y, por lo tanto, no vuelve a poner los inmuebles en oferta, por lo menos a corto o medio plazo.

Para 2017 prevemos un incremento en el cierre de operaciones de inversión respecto de 2016 -a fecha del presente escrito, BCN Real Estate ya ha mediado en la venta de diversos edificios y locales en rentabilidad- pues la subida artificial de precios está ajustándose lenta pero segura, permitiendo entrar de nuevo al comprador que, no se puede olvidar, es el que fija el precio de mercado.